No había dicho nada sobre la muerte de Mercades Sosa

octubre 12, 2009 at 3:15 pm 2 comentarios

Cuando niña acostumbrábamos, con mi abuelita, mi madre y mi tía Pachita, ver el programa “Sábados con Saldaña” los sábados por la noche, y fue natural conocer a oscar Chávez con el trío los Morales, a Tehua, Caíto, Amparo Ochoa y a muchos otros artistas del folklor y del bolero latinoamericano, entre valonas, Dos Arbolitos y el sentir de Julio Jaramillo.

Las extensiones del joven Festival Cervantino, que al igual que el programa de Jorge Saldaña nacía en 1972, trajeron al alcance de la mano en mi ciudad  a los ballets clásicos, contemporáneos y regionales más hermosos del mundo desde mis ojos azorados y abiertos (el ballet de Amalia Hernández era mi sueño), pero también trajeron la música de los Folkloristas y grandes artistas jóvenes que iniciaban un movimiento llamado del Canto Nuevo.

Cuando crecí el paso lógico fue enfundar a mi pasión adolescente en la ideología de la lucha latinoameericana a través de la antropología musical de René Villanueva y Adrián Nieto; las letras fuertes y sentidas de Gerardo Tamez, Amaury Pérez, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Gabino Palomares y León Chávez Texeiro; voces como la de Nacha Guevara, la magnífica mezzosoprano desafinada que me hizo descubrir a Benedetti a través del piano de Alberto Favero; y la grande entre las grandes, ya desde entonces, Mercedes Sosa… reinando desde las percusiones de origen indígena que fortalecían su canto enmarcándolo con la potencia rítmica de cada golpe.

Gracias a la Vida, Canción de Todos, Todo Cambia, Volver a los 17, la Masa entre tantas y tantas otras canciones, tomaron vida propia y se convirtieron en himnos para la búsqueda de justicia social mientras se erizaba la piel al oir de ella la plegaria: “Sólo le pido a Dios, que el dolor no me sea indiferente, que la reseca muerte no me encuentre, vacía y sola y sin haber hecho lo suficiente”. Y juro que su voz hacía que estas palabras se convirtiran en rezo alzando a Dios este deseo desde lo más profundo del corazón.

En paz descanse la Negra; es uno de esos huecos que va a quedarse así hasta que la herida en la humanidad sane y a pesar de ello quede la cicatriz de recuerdo.

En el blog Folkloreando pueden encontrar su discografía.

En Plastica Argentina podemos ver más información sobre su muerte.

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Rescate de la combi ruta 3 Morgan Szymanski: mi descubrimiento y deleite

2 comentarios Add your own

  • 1. paty lazaro  |  octubre 12, 2009 en 11:19 pm

    hay amiga,contigo de la mano hasta los 17……….que paseo tan lindo,tan sentido………y esa cancion el himno de todos en su momento,de nuestra epoca claro,GRACIAS besos

    Responder
  • 2. la nena  |  octubre 14, 2009 en 4:26 pm

    mhhhhh, recuerdo, entiendo y comparto tu sentir, teniendo la conciencia de haber entrado al folclor, al canto nuevo y a Benedetti como si fuera en cascada, de Esperancita hacia ti y de ti hacia nosotros.

    besos

    Responder

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